Antes de comprar acuerdate de Ti mismo….

Abril 18, 2008 at 11:11 pm (General)

Estaba reflexionando en la publicidad y encontré algunos elementos que quisiera compartir; Sabias que existen investigaciones de audiencias que concluyen que la publicidad se basa con frecuencia en la capacidad de recordar del público (ésto contemplando que la memoria de las personas es frágil). Algunos expertos como Kugman explican que para lograr el aprendizaje de la audiencia hay que recorrer 3 etapas: Curiosidad, Reconocimiento y desición. Las empresas no quieren que el consumidor aprenda….sino que se acuerden de la marca al momento de comprar.

Lo que se dice tiene que ser relevante y con sentido para el público, considerar el significado de las cosas, el sentido que le otorgan las personas a las mercancias.

En este sentido, observando  informes publicitarios….creo que no tiene sentido generar discusión en torno a las marcas que cometiron infracciones a la Ley del Consumidor, pues sería otro dispositivo para que los consumidores recordaran la Marca…. pero me hace ruído buscar formas de develar que los proveedores solamente se interesan por que los consumidores recuerden comprar sus marcas…y se aprovechan de los símbolos sociales….los deseos y sueños de las personas para ello.

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Educar para el Consumo es Redimir

Abril 11, 2008 at 5:30 am (General) (, , )

En nuestro país, existe incoherencia entre las capacidades de consumo de las capas sociales superiores que transmiten el modelo de consumo predominante, y el resto de la población, lo que se percibe en las transformaciones de la cultura local vivida en diferentes contextos de nuestro territorio, con la absorción de nuevos estilos de vida, de cierta manera impuestos en estos contextos por el modelo neoliberal. El modelo de desarrollo Capitalista promueve nuevas pautas de consumo que difieren en contenido y forma de los modelos históricamente conocidos[1]. La lógica del sistema capitalista ha instalado la imagen de un “Consumidor Soberano”, asumiendo que este toma sus decisiones de manera aislada, racional, e informado sobre las alternativas y consecuencias de sus decisiones y elecciones. No obstante, se hace ineludible comprender que las necesidades de consumo, más que responder a impulsos biológicos, son producto y resultado de relaciones socioculturales complejas, que se definen según los modos en que cada sociedad define su sistema de necesidades, es decir, las necesidades se producen y reproducen en contextos sociales. El comprender las necesidades como “estructuras mediatizadas por lo social”, implica que tanto las prioridades de las personas como los modos en que suplen sus necesidades son el resultado de las estructuras sociales y contextos históricos en que habitan. Es decir, originadas por un objeto simbólico social, más que por el deseo.

 

Como en otras sociedades capitalistas, la “producción simbólico social de la necesidad” en Chile se caracteriza por orientar al consumo estimulando la demanda de bienes y servicios en el mercado. Generando un fuerte efecto de demostración de status y de pertenencia a determinados segmentos del estrato social.

 

Lo anterior nos lleva a reflexionar en torno a que los espacios de interacción producidos por el consumo son espacios de poder, en tanto las relaciones de consumo no responden necesariamente a una relación libre o individual. Desde esta perspectiva Educar es redimir.

 

La educación para el consumo puede modificar parcialmente este fenómeno, en la medida que se preste una adecuada atención conceptual y metodológica a aspectos como contemplar el conocimiento de cómo las personas conciben la realidad económica, para el diseño de estrategias educativas más eficaces y para el desarrollo de hábitos más efectivos de consumo[2], el fomento del uso racional de los recursos y la participación ciudadana en estrategias de intervención en problemas de asimetrías de información o desigualdades sociales. 



[1] Pérez, L; 2005

[2] Denegri,M; 1999

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El Mito, una forma de Poder Simbólico.

Abril 11, 2008 at 5:25 am (General) (, , )

Casi imperceptiblemente, el mito vislumbra las creencias acerca de las costumbres socioculturales apropiadas para cada uno de nosotros, como imponiendo un “sentido de lugar” (un sentido de lo correcto, de lo usado), a modo de nuestra ubicación inconsciente en el espacio social. De esta forma, son inscritos en nuestras mentes y en nuestros cuerpos (en lo que pensamos, en lo que vestimos y consumimos), disposiciones al consumo sociocultural (o lo que Bourdieu llama Habitus[1]) que impone una forma de ser y de estar, de pararse en el campo social, un punto de vista, o una vista desde un punto en el espacio social.

El mito puede ser una forma imperceptible de Poder Simbólico, y por tanto de violencia simbólica[2]. Esto, cuando actúa como un dispositivo de poder que neutraliza la voluntad de acción de las personas, sin qué éstas lo perciban como tal.

Lo anterior lo explicamos como causa de que los mitos o creencias se han engendrado en campos de producción cultural particulares, en los cuales sólo ‘tienen la pelota’ aquellos que dominan los patrones de producción, y definen lo valido, lo valioso, y cuentan con el poder para reproducirlo y legitimarlo en los diferentes contextos sociales.

En Chile, los niveles socioeconómicos más acomodados, con estéticas más burguesas, tienden a aspirar en términos generales, a cánones de belleza como cuerpos más esbeltos y refinados. Se otorga un valor estético positivo a los cuerpos esbeltos, delgados, flacos. Imágenes que son reesforzadas por la Moda, por la publicidad en los medios de opinión pública, promociones de ideas y creencias en torno a lo esbelto como un valor estético positivo que se reproduce de generación en generación, en los miembros de la familia; “Ser delgado es más saludable”, “estas preciosa, más delgada…”, etc.

Por ejemplo, si nos detenemos a reflexionar en la disposición al consumo de alimentos en las clases populares chilenas, y tratamos de develar el mito, nos encontramos con fenómenos como el siguiente; Hace poco, un programa de la TV abierta mostraba como una familia de clase media baja creía que llevar una dieta saludable significaba gastar más dinero de su precario presupuesto. La experiencia mostraba como la familia invertía 130.000 pesos chilenos al mes en alimentación. Después de la asesoría de una Nutricionista, la familia adquiere hábitos más saludables, con un gasto en alimentación de 100.000 pesos chilenos al mes.
La familia sostenía el mito de que alimentarse en forma saludable era más caro, por lo que está destinado a niveles socioeconómicos más altos. El mito quedo desmentido con la comparación del monto del presupuesto destinado a la alimentación. Si nos detenemos a analizar el mito, encontramos la creencia, en las clases populares, de que llevar un estilo de vida saludable, alimentarse más sano, hacer ejercicio, etc. Es un privilegio de clases más acomodadas, de que se necesita tener más recursos para aquello, etc. El mito se vislumbra, en este caso, en frases como; “las viejas de la población son guatonas”, “las cuicas son flacas”, “comer sano es caro”, etc.

Existe una forma de discriminación, encarnada en el estigma de ser gordo o padecer de sobrepeso. Se percibe como una forma de racismo o clasismo (Violencia Simbólica), como un valor estético negativo. Ser gordo puede ser un signo de no pertenecer a la “socialite”, de pertenecer a las clases populares, esta fuera de los cánones de belleza. “Ser gordo es de Rotos”.

En ambos casos, se le atribuye un valor social, una significación social, que tendrá el sentido que le asignen los diferentes puntos de vista en el espacio social, en concordancia con sus Habitus socioculturales.

Para Pierre Bourdieu; “El poder simbólico es un poder de hacer cosas con palabras”. La producción de creencias nos mueve usualmente a hacernos de frases que, al ocultar su violencia simbólica, contradicen nuestros propios supuestos o ideales. El mito es un potente generador de creencias que alimenta el sentido común; por ello, parte de la tarea de un Cientísta social, de un Educador, o de un Ciudadano crítico es brindar los elementos que permitan, ampliar la mirada, ‘desmitificar’ la realidad que el mito intenta ocultar.

El espacio social esta lleno de mitos y creencias acerca de lo Real, lo Bello, lo Bueno, etc. Todos a su modo y en su contexto determinado, ejercen una forma de poder simbólico sobre el comportamiento de las personas.
Los mitos funcionan como un principio organizador de la multiplicidad de grupos que actúan en las ciudades.

Los individuos, entran en relación con otros a partir de un comportamiento afectual y a partir de un espacio (físico o simbólico) que tiene un sentido dado y compartido, y en donde se actualiza la memoria colectiva del mito, esto es, en el rito.

[1] El Habitus genera una forma de identidad y participación, disposiciones al consumo, identificación con ciertas prácticas propias de un grupo social determinado con el que se comparten capitales similares.

[2] En palabras de Bourdieu; “la violencia simbólica es esa violencia que arranca sumisiones que ni siquiera se perciben como tales apoyándose en unas ‘expectativas colectivas’, en unas creencias socialmente inculcadas. Como la teoría de la magia, la teoría de la violencia simbólica se basa en una teoría de la creencia, o mejor dicho, en una teoría de la producción de la creencia, de la labor de socialización necesaria para producir unos agentes dotados de esquemas de percepción y de valoración que les permitirán percibir las conminaciones inscriptas en una situación o en un discurso y obedecerlas.”

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El Ritual del Consumo

Abril 11, 2008 at 5:23 am (Articulos y Ensayos) (, , , )

El rito es ese espacio (físico o simbólico) en donde se genera la representación social del “si mismo” para afrontar la cotidianidad como pertenecientes a un grupo sociocultural determinado. En el rito se construye y refuerza la identidad social, entendida como el reconocimiento reciproco de las diferencias con los otros.

García Canclini propone entender al rito como “el lugar a través del cuál la sociedad selecciona y fija, mediante acuerdos colectivos, los significados que la regulan”. Es decir, hablar de formas de participación. Otra mirada es la de Douglas e Isherwood, que otorgan al ritual la función de “contener el curso de los significados” y “volver explícitas las definiciones públicas de lo que el consenso general juzga valioso”. Por su parte, la Cientísta Mariángela Rodríguez se refiere al ritual como “un acto de comunicación que nos informa (ideológicamente) al transmitir normas, valores, patrones de conducta”, es decir, “conjuntos de mensajes acerca de la vida social que se consideran dignos de ser transmitidos a otras generaciones”. Rodríguez subraya el carácter dramático de esta información, en otras palabras, lo que fusiona “el conocimiento del mundo y sus aspectos emocionales (síntesis de la cosmovisión y el ethos)” es la carga emocional que contienen los símbolos más importantes de un evento. Como por ejemplo; en el ritual del matrimonio el símbolo de los anillos, el vestido de novia, etc.

Uno de los rituales más importantes, en nuestras sociedades occidentales, como lugar de construcción identitaria es el Acto de Consumo de bienes y/o servicios. Habría que detenerse a reflexionar en torno a la “carga emocional” que contienen los símbolos más importantes del rito de compra en un Mall o de la compra en una Feria Libre.
En este sentido, en el Mall, la marca impresa en los paquetes adquiridos puede leerse como un signo de distinción simbólica (o de querer hacer la distinción) o de pertenencia simbólica a un grupo socioeconómico. De manera similar, en la Feria Libre, se otorga un valor de distinción simbólica a la “llapa”.

En este sentido, para los distintos grupos socioculturales, ir de compras es un ritual con significados compartidos para los miembros de las familias, que junto a otros mecanismos, tienden a perpetuar la identidad de la familia y del grupo sociocultural al que se adscribe.

Aprendemos a percibirnos como Consumidores; a comprar a un determinado proveedor, productos y/o marcas con un significado compartido. Y de esa forma declaramos a que grupo pertenecemos o con cual grupo nos identificamos, y con cual no nos identificamos.

Maffesoli, afirma que el ritual no está orientado hacia meta alguna, por el contrario, es repetitivo y, por ello, tranquilizador. Su única función consiste en confortar el sentimiento que tiene de sí mismo un grupo dado (el ritual recuerda a la comunidad que “forma cuerpo”) al proclamar el retorno de lo mismo a través de la multiplicidad de los gestos cotidianos, asegurando así el perdurar del grupo.

Experimentar un fin de semana en el Mall, o un martes de Feria libre, permite a las personas convencerse de su existencia como “grupo”, como “comunidad” que “forma cuerpo” frente a otros conjuntos sociales.

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Consumo Responsable en Familia

Abril 11, 2008 at 5:21 am (Articulos y Ensayos) (, , )

Según Marianela Denegri (Psicologa de la UFRO, y Experta en Educación para el Consumo), Durante la infancia, debemos insistir en la formación de hábitos de consumo eficiente que proporcionarán las bases para que nuestros hijos no se vuelvan esclavos del consumismo. Para ello hay una serie de consejos útiles que nos pueden ayudar:

1. Acostumbre a su familia a llevar una lista al supermercado antes de ir a comprar. Esa lista será confeccionada en casa y registrará todos los productos que se adquirirán. Nada que no esté en la lista podrá ser comprado: ello es un antídoto para la compra impulsiva.

2. Enseñe a sus hijos con el ejemplo. Muchas situaciones cotidianas se pueden utilizar para enseñar hábitos de consumo, pero recuerde que los niños aprenden con el ejemplo y no con el discurso.

3. Otorgue autonomía creciente para el manejo del propio dinero y converse con los niños acerca de las decisiones que toman en diversas circunstancias, ayudándoles a razonar acerca de por qué se debe o no comprar, o si es mejor esperar, o ahorrar para adquirir otra cosa.

5. Proporcione una mesada estable de acuerdo a la edad del niño, esta debería comenzar a entregarse alrededor de los 8 años y destinarse a los gustos personales. Su periodicidad debería ser semanal para los más pequeños y mensual para los adolescentes. Debe quedar claro que si la mesada se gasta antes de la próxima entrega deberá esperar y no contará con ningún dinero adicional.

6. Nunca debemos pagar por obtener buenas notas o ayudar en las tareas domésticas ya que son responsabilidad de todos en la familia. Si queremos incentivar el gusto por el trabajo, podemos entregar a los niños algún pago por aquellas tareas del hogar por las que de todas maneras pensábamos pagar, por ejemplo, cortar el pasto, lavar el auto etc.

Son hábitos sencillos pero que requieren que los adultos seamos especialmente consistentes en su aplicación, no olvidemos que es en el hogar donde aprendemos a ser consumidores responsables y también es allí donde el consumismo puede comenzar a atraparnos.

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Distorsión de la Realidad en el Consumo

Abril 11, 2008 at 5:19 am (Articulos y Ensayos) (, , )

El consumo evoluciona de manera parecida, de acuerdo al nivel de renta personal disponible. Uno consume de acuerdo al ingreso, a la renta disponible (al menos en teoría).

En una Economía doméstica, el nivel de renta percibida (cuando se eliminan las influencias temporales) se denomina Renta permanente. En Chile y otros paises de América Latina, el nivel de ingresos de la familia, resulta a veces muy variable, sin embargo es posible estimar parametros de Renta permanente y clasificar a las familias en distintos Niveles, de acuerdo a sus ingresos.
Es de este modo, que podemos hablar en Chile de Niveles socioeconómico ABC1, C3, C2, D, y E . El primero representa cerca de un7% de la Población con un rango de ingresos entre $1.700.000 a 3.500.000 o más, y el último representa un 20% de la población con un rango de ingresos iguales o menores a $160.000.
En chile, las diferencias socioeconómicas son comunes (como en el resto del mundo me imagino), pero con acentos en las desigualdades de oportunidades, de acuerdo a indicadores Gini, con las peores distribuciones de ingresos.

Una situación muy común para familias de niveles socioeconómicos medios y/o bajos (C3, C2, D) es la incapacidad para ahorrar o invertir. Gastando todo, o a veces más del presupuesto familiar, para cubrir precariamente sus necesidades de consumo. Esto podría explicarse de muchas maneras, pero vamos a detenernos en una variable que he llamado la percepción del Efecto Riqueza.

A mayor Riqueza, mayor Consumo, a esto se llama Efecto Riqueza. Gracias al Crédito de consumo que otorgan la mayoría de los proveedores grandes, tales como, casas comerciales, supermercados, etc. La percepción del efecto Riqueza se ve alterado; pareciera que se tiene más dinero, más renta permanente, pero es solo una ilusión que termina empobreciendo a los más pobres si no se sabe usar con eficiencia y eficacia.

Si aprendieramos a analizar nuestras verdaderas necesidades de consumo (y ser consecuentes con nuetro Nivel socioeconómico), en vez de caer presos de la publicidad y el marketing, las ofertas, las liquidaciones, los 2×1, y sobre todo los 990 y su variaciones (1.990, 2.990, 90.990…), si tomaramos conciencia de nuestras necesidades reales de consumo, nuestra real renta permanente, y aprendieramos a hacer uso del sistema, los niveles de endeudamiento, estres, y horas extras, disminuirian, te lo firmo!!

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Consumidores Imperfectos, Estragegias de inserción.

Abril 11, 2008 at 5:16 am (Articulos y Ensayos) (, , )

En la opinión de Bauman; “En una sociedad de consumo, la «vida normal» es la de los consumidores, siempre preocupados por elegir entre la gran variedad de oportunidades,
sensaciones placenteras y ricas experiencias que el mundo les ofrece. […].
Como en cualquier comunidad, los pobres de la sociedad de consumo
no tienen acceso a una vida normal; menos aún, a una existencia feliz”.

Para la Sociedad Occidental, las limitaciones para consumir ciertos productos, otorga una condición de consumidores defectuosos o frustrados, expulsados del mercado. Consumidores imperfectos, incapaces de adaptarse a las reglas del mercado.

Compartiendo con Bauman la opinión que; en la sociedad de consumidores, esa condición de incapacidad de adaptarse a las reglas establecidas por el mercado, resulta causa concluyente de degradación social y «exilio interno».
Esta falta de competencia, y dificultad de cumplir con el rol de consumidor, tarde o temprano, genera resentimiento en la persona que se encuentra en tal situación; en palabras de Bauman “quien la sufre está excluido del banquete social que comparten los demás. “ El único remedio posible, la única salida a esa humillación es superar tan vergonzosa ineptitud como consumidor” .

Es posible divisar en América latina diferentes experiencias y estrategias, que logran minorizar los efectos de la condición de consumidores imperfectos. Una de ellas podría ser la experiencia del trueque en Argentina, en donde se establece la logia; de que no hace falta el dinero para ser consumidor de algún producto de interés, sino la habilidad para negociar e intercambiar algo de nuestra propiedad por lo que queremos. Esa misma lógica se ha trasladado a diferentes sitios de cambio o trueque de productos en Internet. Basta con escribir “trueque” en Google para darse cuenta el gran número de espacios que se han abierto para esta práctica.

En Chile, no obstante, a nivel de comunas, de barrios y vecindades, la práctica del trueque no se ha visualizado, ni su potencial, me parece que podría ser una herramienta poderosa para minimizar el resentimiento que vivencia el consumidor imperfecto, recuperar espacios de encuentro comunitarios, y fortalecer las confianzas con el vecinazgo.

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La Infancia Postmoderna, un nuevo desafio.

Abril 11, 2008 at 5:12 am (Articulos y Ensayos, General) (, )

Hemos sostenido [1] que las nociones tradicionales de la infancia como un tiempo de inocencia y dependencia del adulto se han debilitado por el acceso de los niños a la cultura popular durante fines del siglo XX y principios del siglo XXI. Esta nueva realidad presenta a los adultos (particularmente a padres y Educadores) un complejo problema que algunos han denominado “el dilema de la infancia postmoderna”. El acceso de los niños contemporáneos a la cultura infantil comercial y la cultura popular no sólo les motiva a convertirse en consumidores, sino que también replantea la inocencia, la situación protegida de las tribulaciones de la existencia adulta que los niños han experimentado desde la llegada de la era de la protección de la infancia.

Los defensores de los valores familiares tradicionales y la disciplina severa para los niños, comprenden que algo ha cambiado, que por alguna razón la autoridad se ha perdido, o mejor dicho se ha replanteado o resignificado. Podemos explicar este fenómeno mediante el acceso infantil al mundo adulto por los medios electrónicos de hiperrealidad, los cuales han sido responsables de generar nuevos discursos que han cambiado la conciencia de si mismos (de los niños contemporáneos), de entidades incompetentes y dependientes, a personas, sujetos de derecho. Esta percepción de si mismos, muchas veces, no se compagina bien con instituciones como la familia tradicional o la escuela autoritaria, basadas ambas en una concepción de los niños como seres incapaces de tomar decisiones por si mismos.

Frente a la pregunta de por qué son los niños tan desafiantes, tan difíciles de controlar en los últimos tiempos; la respuesta implica el hecho de que no se ven a si mismos de la misma manera en que los adultos en estas instituciones. Los niños de hoy no están acostumbrados a pensar y actuar como seres pequeños que necesitan del permiso del adulto y dependen absolutamente de él para actuar. Y si bien es cierto, no todos los niños reaccionan de esta manera a la cultura infantil y a su acceso a la cultura popular, pues diversos grupos de niños pueden responder de manera diferente, no obstante, sigue siendo una realidad la perdida de la autoridad de los adultos o su resignificación, ese poder que antaño gozaron porque sabían cosas que los niños pretendidamente protegidos no conocían. Hoy no se pueden poner barreras a la información adulta; los niños en la actualidad ven el mundo tal como lo presentan los productores de información.

Este cambio en el acceso de los niños al conocimiento adulto sobre el mundo y los cambios en la naturaleza de la infancia que ello produce han debilitado las bases conceptuales / curriculares / administrativas sobre las que ha estado organizada la Educación, por lo que es necesario dar una nueva mirada a las escuelas, a las estrategias educativas.

La tarea con que nos enfrentamos debe orientarse a desarrollar una educación , que contemple colaborar con las nuevas destrezas de ser padres y con las instituciones sociales que tratarán esa revolución cultural, de modo que enseñe a nuestros niños y niñas a dar sentido al caos de información en la hiperrealidad. En este contexto la Educación se transforma no tanto en una institución de transmisión de información, de conocimiento, sino más bien, como en un sitio hermenéutico, es decir en donde se elabora el significado, donde se engendra la comprensión y la interpretación.
[1] En; “Situaciones Permanentes, Estrategias de Desarrollo y Disposiciones Al Consumo Cultural en la Infancia y Adolescencia” Ensayo Publicado en Revista Colegio Electrónico Nº1 2003

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